395km VER RUTA
No nos resultó sencillo despedirnos de "nuestra" cabaña del lago; era un lugar tan bonito y apacible, así que con gusto nos hubiésemos quedado muchos más días, pero la aventura debía continuar y muchos lugares fantásticos nos esperaban.
Dedicamos la primera parte de la mañana a recoger la ropa y limpiar la casa para dejarla en las mismas condiciones que la habíamos encontrado. El dueño nos escribió un mail pidiéndonos que al irnos dejáramos las llaves puestas en la cerradura; aunque en España sería una cosa impensable, ya nos habíamos acostumbrado a ver con normalidad la tranquilidad con la se toman la vida en estos países; por qué no decirlo, mucho más civilizados que el nuestro.
Hicimos una última foto del lago para el recuerdo y partimos hacia el norte; durante los siguientes días siempre iríamos en esa dirección.
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| CATEDRAL KUOPIO |
El viaje fue rápido y tranquilo, Manuel se echó una apacible siesta y fuimos atravesando bosques y lagos hasta llegar a Kuopio, donde habíamos planeado comer.
Aparcamos junto a la Catedral de San Nicolás, nos pareció bastante pequeña para llamarse catedral, pero a pesar del tamaño no estaba exenta de una singular belleza. No había nadie por ningún lado y no veíamos ningún lugar donde poder comer, así que volvimos a montarnos en el coche y continuamos hacia donde el GPS nos marcaba un restaurante.
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| PLAYA DE KUOPIO |
El lugar resultó ser un bar de bocadillos junto a la playa de uno de los numerosos lagos que rodean la ciudad y a pesar de ser un día laborable, el lugar estaba repleto de gente disfrutando del sol y del agua.
Como todo lo público en Finlandia, estaba exquisitamente cuidado y nos sorprendió que además de los baños y vestuarios, la playa contara también con un enorme trampolín de diez metros y con un montón de colchonetas y flotadores gigantes de uso gratuito para todos lo visitantes.
Manuel corrió directo al agua nada más pisar la arena y después estuvo jugando con otros niños construyendo castillos en la orilla; verle disfrutar tanto, nos aliviaba un poco el sentido de culpa de tenerle tanto tiempo en carretera ese día.
Tras pasar un par de horas allí, nos tocaba reemprender el viaje hasta la localidad de Ristijärvi, donde habíamos alquilado un apartamento para esa noche. Cuando llegamos nos encontramos un pueblo fantasma, con el supermercado y los restaurantes cerrados y ni una sola alma por la calle.
Hicimos la correspondiente fotografía del atardecer junto al lago para nuestro álbum y sin más que hacer, nos fuimos al apartamento a disfrutar de una estupenda cena casera, algo de rutina de vez en cuando también viene bien a la cabeza.


