DÍA 6: de INTERLAKEN (Suiza) a HEILIGENBERG (Alemania)





Cuando sonó el despertador y abrimos las cortinas del chamizo en el que habíamos pasado la noche en Interlaken, se nos cayó un poco el alma a los pies. El cielo estaba totalmente cubierto y las cumbres apenas asomaban entre las espesas nubes grises. Habíamos planeado pasar el día en uno de los numerosos parques alpinos que hay en esa zona, pero con aquel tiempo era imposible. Para colmo, cuando nos montamos en el coche se puso a llover así que decidimos cambiar los planes, aprovechar el mal tiempo para hacer más kilómetros y avanzar en nuestra ruta hacia el norte.




Antes de despedirnos de los Alpes Berneses, nos acercamos al pueblo de Lauterbrunnen para ver sus famosas cascadas y echamos un ultimo vistazo al cielo buscando algún rayo de sol, pero no iba a ser el día...





Una lluvia ligera nos acompañó todo el camino hasta Lucerna, ciudad suiza donde paramos a comer. A pesar del tiempo, había infinidad de turistas asiáticos paseando por su famoso puente y aunque nos gustó, nos resultó un tanto agobiante,  así que nada más comer emprendimos de nuevo el viaje hacia Alemania.





Antes de llegar a la frontera, paramos en el precioso pueblo de Stein am Rhein, pero de nuevo la lluvia nos complicó la visita.





Llegamos al hotel a las seis de la tarde, pero con la niebla que cubría toda la zona, parecía que ya fuese de noche. 2 de julio: aire entre frío y congelado, lluvia constante y niebla espesa; normal que esta gente cuando se jubila se vaya a vivir a Canarias.

El hotel era un Gasthof alemán, una especie de posada donde además de dormir puedes desayunar, cenar y tomarte unas buenas cervezas alemanas. Así que eso hicimos, el tiempo no invitaba a visitas turísticas. Degustamos un sabroso schnitzel, plato típico de la gastronomía germana y nos bebimos unas cuantas cervezas, rodeados de alemanes vestidos con la camiseta de su selección porque ese día jugaban contra Italia. 





La cuenta nos resultó barata; nos venden tanto lo caro que es vivir en otros países que no sabíamos si tendríamos dinero suficiente y sin embargo, los precios resultaron muy similares a los de España, tanto en la comida como en el carburante.

Y así acabó el día, los alemanes no dijeron nada durante todo el partido y sólo cuando ganaron en los penaltis emitieron un leve graznido, suponemos que de alegría. pero muy expresivos, al menos en esta zona, no eran.