382 kilómetros VER RUTA
Antes de empezar el viaje, pensamos en aprovechar este día para hacer más kilómetros y adentrarnos en Polonia, pero como el sol seguía acompañándonos, decidimos que había que aprovecharlo y sobre la marcha acortamos la ruta hasta Ostrava, justo en la frontera de República Checa y Polonia.
Menos mal que lo hicimos... fue salir de Praga y la autovía empezó a convertirse en un camino de cabras lleno de obras cada tres kilómetros y con atascos interminables.
Cansados de la situación, nos salimos hacia una carretera secundaria y justo a la hora de comer nos encontramos con el castillo de Hrad Veveří. La fortaleza en sí no era espectacular, pero nos sirvió para comer unas buenas salchichas con queso de cabra ahumado y dar un breve paseo alrededor de sus murallas para olvidarnos del estrés de la mañana.
Cerca de allí, casi ya en la ciudad de Brno, localizamos un embalse apto para el baño y allí fuimos a darnos un chapuzón. La zona de baño resultó ser un amplísimo jardín totalmente acondicionado, con carril bici, césped, parques infantiles, baños portátiles e incluso un chiringuito playero. Fue perfecto, poco nos importó que el agua tuviese un color marroncillo, algo que ya habíamos visto en otros ríos del país.
Poco nos duro la alegría del baño: en cuanto cogimos la autovía, otra vez atasco... la situación era esperpéntica; coches circulando marcha atrás por la autovía mientras otros los esquivaban echándose al arcén. Tocaba armarse de paciencia y esperar, no nos quedaba otra.
Un siglo después, llegamos por fin a Ostrava. La ciudad en sí no es ni mucho menos turística, pero a nosotros nos resultó peculiar y la gente nos pareció mucho más simpática que en el resto del país. El hotel nos costó 28 € con desayuno incluido y aunque estaba algo aviejado, por ese precio y con el fantástico desayuno que nos sirvieron al día siguiente, abandonamos República Checa con buen sabor de boca.



