334 kilómetros - VER RUTA
Al despertar esa mañana comprobamos con alivio que la tormenta del día anterior se había desvanecido durante la noche y el sol lucía con fuerza. El dueño del apartamento vino a recoger las llaves y nos pusimos en camino hacia nuestro primer destino del día, la ciudad de Turku. Por el camino leímos que era la antigua capital del país y que desde la antigüedad, su puerto había sido un importante mercado de negocios.
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| CASTILLO DE TURKU |
Nada más llegar nos dirigimos a su castillo, el más antiguo de toda Finlandia, y nos sorprendió porque no tenía nada que ver con la imagen que nosotros tenemos de un castillo.
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| TURKU |
En los jardines anexos se celebraba una fiesta medieval con espectáculos circenses, vuelo de aves rapaces e incluso una auténtica justa.
Nos contagiamos del ambiente festivo y nos sentamos a comer un delicioso perrito caliente con los demás lugareños, mientras contemplábamos las actuaciones.
La feria también continuaba en el interior del castillo: el patio de armas estaba lleno de puestos que vendían espadas y hachas de combate y para los más pequeños había unos grandes cuadriláteros llenos de arena, donde les enseñaban a construir sus propios castillos.
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| FERIA CASTILLO DE TURKU |
Como casi todo en
Finlandia, estaba perfectamente organizado y a pesar de la barrera del idioma, Manuel no tuvo ningún problema para unirse a los demás niños.
Nos habríamos quedado allí todo el día, pero ya habíamos alquilado un apartamento en
Tampere para esa noche y el tiempo se nos echaba encima.
Antes de tomar la carretera, paramos a ver la catedral, pero había una boda y sólo pudimos contemplarla desde la puerta junto al curioso
felpudo-cepillo que usan en muchas viviendas del país.
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| FELPUDO TÍPICO |
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| TURKU |
A Manuel la idea de abandonar los juegos del castillo y entrar otra vez en el coche no le había sentado muy bien, eso unido al sueño que arrastraba por la falta de siesta formó un cóctel que pronto estalló en lágrimas.
No habíamos tenido muchos momentos así en el viaje, pero sabíamos que un niño de tres años puede acabar agotado solamente de la misma carretera. Por eso decidimos variar la ruta para hacer una parada en una playa cercana y templar los ánimos con un buen chapuzón.
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| PLAYA TURKU |
El lugar sin ser impresionante, estaba limpio y cuidado al detalle; además del típico chiringuito había un gran parque infantil y una pista de voley playa. Suficiente para que Manuel, tras bañarse y jugar a todas las atracciones del parque, cayera rendido nada más montar en el coche.
El viaje a
Tampere fue rápido y tranquilo, pero ya íbamos justos de tiempo, así que cuando aparcamos junto a la catedral el sol estaba cayendo. Una de las ventajas de visitar el
norte de Europa en verano, es que cuanto más viajas hacia el norte, más horas de luz tienes para visitarlo todo y cuando parece que el atardecer es inminente, este se prolonga durante varias horas.
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| CATEDRAL DE TAMPERE |
Obviamente la catedral ya estaba cerrada, así que nos encaminamos hacia la otra orilla del
Tammercoski, un canal artificial que une los dos lagos que rodean la ciudad.
Nada más cruzar nos encontramos varios antiguos edificios industriales totalmente renovados y un poco más adelante con la puerta del
Finlayson Art Area, que nos encantó. Se trata de un centro de ocio ubicado en una enorme fabrica de algodón fundada en el siglo XIX que han dividido en diversas estancias que albergan cines, restaurantes y varios museos.
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| FINLAYSON ART AREA |
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| PEVNA TAMPERE |
Estuvimos dando un largo paseo por sus calles y plazuelas y al final nos decidimos a cenar en una cervecería alemana preciosa que había justo a la entrada. Fue una buena decisión: las raciones eran enormes y estaba todo increíble. Cuando salimos aún no había anochecido, así que aprovechamos a hacer unas últimas fotos antes de irnos a dormir.