DÍA 18: de TALLIN (Estonia) a HELSINKI (Finlandia)


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Entre los nervios típicos que entran cuando tienes que madrugar para ir a algún sitio y lo incómodas que eran las camas, apenas dormimos esa noche. Y cuando por fin lo logramos, el gato de la dueña del piso salió de su escondite tras la bañera y vino a visitarnos. El susto que me di cuando abrí los ojos y me encontré su cara a un palmo fue terrible, tanto, que el felino saltó de la cama y regresó a su guarida. No lo vimos más.


VISTA DE TALLIN DESDE EL PUERTO
Habíamos comprado billetes para el ferry a Helsinki a las 11 de la mañana, pero nunca habíamos montado el coche en un barco y entre la emoción y los nervios, nos presentamos en el puerto poco antes de las 9. Obviamente, fuimos los primeros en llegar y la espera se nos hizo interminable; jugamos a todo lo imaginable, salimos a pasear, volvimos a sentarnos, abrimos la ventana, después la puerta y al final cerramos todo y nos fuimos a ver si por fin divisábamos el barco.



Con tanta espera se nos habían consumido los nervios y la emoción, pero cuando nos dieron vía libre y ascendimos por la rampa hasta el interior del barco regresaron de inmediato y seguí las instrucciones del personal para aparcar el coche como si fuera la primera vez que conducía. 



FERRY TALLIN-HELSINKI
Cuando salimos a cubierta, la estampa de la ciudad vieja coronada por la catedral nos dejó fascinados y sacamos infinidad de fotografías mientras  Manuel corría entusiasmado de un lado al otro del barco. 

Tuvimos suerte y el tiempo fue espectacular todo el trayecto lo que nos permitió relajarnos y sentarnos en un banco exterior a disfrutar del sol y del mar.

El viaje duró tres horas y los nervios del primerizo regresaron al volver al coche. Lo cierto es que los empleados funcionaban como un reloj y te facilitan la conducción en todo momento. 







LLEGADA A FINLANDIA
Casi sin darnos cuenta, ya estábamos en las calles de Helsinki, capital de Finlandia y para nuestra sorpresa, hacia mucho calor.


Lo primero que teníamos que hacer era ir a recoger las llaves del apartamento que habíamos alquilado a través de Airbnb. Estaba ubicado en Vantaa, una ciudad anexa a Helsinki, donde está el aeropuerto de la ciudad. El piso nos encantó; tenía todo lo que necesitábamos, estaba limpísimo y a la parada de metro no había más de diez minutos andando.


Dejamos las maletas y nos fuimos hacia la estación. Nos sorprendió que en Finlandia fían todo a la honradez de la gente y en el metro no hay torno alguno. Sacamos dos billetes de día completo y en veinte minutos habíamos llegado al centro de Helsinki. Noe estaba emocionada, había imaginado viajar a Finlandia desde que era pequeña y allí estaba, cumpliendo su sueño. No le cabía la sonrisa en la cara.


Bajamos en la parada de la Universidad, y fuimos dando un paseo hasta la Plaza de la Estación Central donde están el edificio del Teatro Nacional de Finlandia y el Ateneo. El tiempo seguía siendo magnífico y los bancos de la plaza, las terrazas y los jardines estaban atestados de gente disfrutando del verano. 

ATENEO HELSINKI
ATENEO

ESTACIÓN CENTRAL

TEATRO NACIONAL
TEATRO NACIONAL



CATEDRAL LUTERANA HELSINKI
Seguimos nuestra ruta hasta la Catedral Luterana de Helsinki en la Plaza del Senado; nos pareció un edificio impresionante y nos detuvimos un buen rato a los pies de su escalinata para hacer fotografías y de paso, bajar a Manuel de la silla para que corriese sin peligro por la plaza peatonal.




Uspenskin Katedraali
USPENSKIN KATEDRAALI
Bajamos la calle hacia el Mercado Viejo y nos encontramos con que los puestos de comida de la plaza ya estaban desmontados así que nos dirigimos hacia la otra catedral de la ciudad, Uspenskin Katedraali, de confensión ortodoxa. Está erigida en un lugar encantador, sobre una pequeña colina junto al mar y rodeada de jardines; en contraposición a la blancura impoluta de la Catedral Luterana, la ortodoxa está construida con ladrillo rojo y rematada con cruces doradas sobre el tejado verde. Cada uno en su estilo, son dos edificios realmente preciosos.



THE BRIDGE OF LOVE

Muy cerca de allí, encontramos un puente peatonal bautizado como The Bridge of Love, y como podréis imaginar, estaba repleto de candados con nombres y fechas, colgados allí por parejas como símbolo de su amor.






Aunque parezca mentira, con tanto paseo arriba y abajo, el calor de Helsinki puede llegar a ser sofocante, por lo que tuvimos que parar a tomar algo en un bonito parque en la orilla del mar, desde el que se pueden contemplar las dos catedrales. El lugar nos pareció fiel reflejo de lo que habíamos visto de la sociedad finlandesa: estaba bien pensado, bien ejecutado y bien conservado. Tenía un pequeño anfiteatro con bancos de madera para ver la puesta de sol, una noria, una cafetería con terraza, un parque de arena para los niños e infinidad de baños públicos con una limpieza increíble.


Con fuerzas renovadas emprendimos el camino de vuelta por el Parque de la Esplanada, a esa hora repleto de gente ya que había un concierto de un grupo de rock local. Nos resultó curioso el gusto que hay en el norte de Europa por la música en vivo en general y en particular por el rock duro y el heavy metal.

La falta de sueño de la noche anterior nos empezó a hacer mella y el sol comenzaba lentamente a rendirse, así que paramos a cenar en una terraza.

Si alguna vez viajáis por estos países, hemos de advertir que  los precios en bares y restaurantes en Finlandia nos resultaron algo caros en comparación con los de España, obviamente los sueldos de allí tampoco son como los de aquí.


Estábamos agotados, y aunque nuestra primera intención era seguir visitando la ciudad de noche, pensamos que sería mejor descansar y continuar la visita al día siguiente.