DÍA 14: De Varsovia (Polonia) a Aukštadvaris (Lituania)




Comprobando el itinerario el día anterior, decidimos que el día siguiente había que avanzar hacia el norte para intentar llegar a Lituania. Así que el despertador sonó temprano y tras desayunar unos batidos en la habitación nos pusimos en marcha. 

Nuestra próxima parada era la región de los lagos que hay cerca de Augustow, al noreste del país; después de varios días de ciudad en ciudad, notamos que Manuel necesitaba esparcirse un poco y nada mejor para eso que un buen chapuzón.

Los planes no salen siempre como piensas y según fue pasando la mañana, el sol fue cediendo terreno a las nubes grises y cuando llegamos hasta el lago, el cielo estaba completamente cubierto. 

Comimos algo rápido en un restaurante junto a la carretera y bajamos andando hasta el lago donde nos encontramos con un pequeña playa vacía y un puesto de alquiler de canoas y pedaletas.





Como el día no invitaba al baño, propusimos a Manuel montar los tres en una pedaleta y la idea le encantó, asi que nos entendimos como pudimos con el encargado y nos lanzamos a "mar abierto". Fue un rato divertido, Manuel era el capitán que manejaba el timón y nosotros pedaleamos como abnegados marineros hasta perder el aliento.





Tras el esfuerzo, todos repusimos fuerzas comiendo un helado en un barco-cafetería que había atracado cerca de allí; y viendo que las nubes, lejos de remitir, iban a más, pusimos rumbo a Lituania, no sin antes gastar todos los zlotys que nos quedaban.




En el camino, miramos los alojamientos que había disponibles por la zona donde queríamos dormir y encontramos una especie de granja-hotel que nos pareció preciosa. Nos costó encontrarla, ya que estaba perdida en mitad del campo, pero fue una buena decisión, más viajando con un niño. La casa estaba enclavada en una gran parcela donde había vacas, conejos, pavos, perros, gatos y hasta ponys; si Manuel ya estaba encantado, cuando encontró unos camiones de juguete entre las piedras su felicidad fue completa, y la nuestra, teniéndole un rato entretenido, también.


LITUANIA



La dueña, resultó ser una mujer encantadora que nos ofreció su cocina para hacer la cena, así que fuimos hasta el pueblo a comprar algo de comida y ya de paso conocer un poco de la Lituania profunda, para nosotros tan desconocida.

El pueblo sólo eran unas cuantas casas de madera y una plaza con una fuente, así que compramos unas salchichas y nos volvimos a la casa. Y otra vez nos volvimos tan locos para encontrarla que se nos hizo de noche.



PUEBLO LITUANO


Terminamos el día con una sencilla cena en el porche que nos supo a gloria y nos fuimos a dormir con la sensación de que el día había sido larguísimo; las horas de luz aumentaban cada día que pasaba.