DÍA 28: De Repvåg (Noruega) a Tromsø (Noruega)

554 Kilómetros VER RUTA


Cuando nos despertamos aquel día, nos quedamos un buen rato en la cama intentando decidir por qué ruta emprender el camino de vuelta. Como Manuel estaba totalmente agotado de las emociones del día anterior y dormía plácidamente, estudiamos todas las opciones con el móvil: bajar por Finlandia, por Suecia, por Suecia y después dirigirnos hacia Bergen..

Dimos tantas vueltas que cuando el bello durmiente abrió los ojos y dijo que quería desayunar, aún no habíamos decidido nada.

Por una de esas maravillosas coincidencias del destino, según sacaba del coche unos batidos y un paquete de galletas, aparcó junto a mí una moto con matrícula española y después de no haber visto ningún compatriota desde Helsinki, la palabra hola incluso me sonó extraña.

Tras las típicas presentaciones de viajeros (de donde vienes y a donde vas), me comentaron que ellos habían llegado hasta el Nordkapp subiendo por toda la costa oeste de Noruega y que habían quedado maravillados con las islas Lofoten. Yo había descartado esa opción por demasiado larga, pero me aseguraron que no era para tanto y que ellos lo habían hecho en tres días.

Cuando volví a la habitación y lo comentamos, nos pareció que los tres días podrían convertirse fácilmente en nueve, pero que metidos en harina, poco importaba un día más o menos. Calculamos la ruta y vimos que si queríamos llegar a dormir a Tromsø, la ciudad más grande del norte de Noruega, debíamos salir rápido.

La primera parte del viaje fue tranquila, buena carretera, buen tiempo y los mismos paisajes que habíamos visto al subir. Llegamos a la ciudad de Alta poco antes de comer pensando hacer un picnic en una playa a las afueras de la ciudad para aprovechar el sol que nos acompañaba, pero nada más llegar, el cielo se empezó a cubrir de densos nubarrones grisáceos y tuvimos que cambiar de planes e irnos a la ciudad. 

CATEDRAL DE ALTA
Alta es un pequeño municipio de menos de veinte mil habitantes, famoso por albergar el museo con mayor numero de pinturas rupestres del mundo. Como era domingo y el museo estaba cerrado, dimos una vuelta en coche por sus calles semidesiertas, fotografiamos su moderna catedral inspirada en las auroras boreales y tras comer algo rápido, y como siempre caro, proseguimos nuestro camino.



Las nubes habían cubierto por completo el cielo así que la temperatura bajó drásticamente; para colmo la carretera estaba en obras y había zonas  con varios kilómetros sin asfaltar.

Aún así, las vistas seguían siendo increíbles: fiordos salpicados de bateas, cascadas que se perdían entre la niebla y las grandes cumbres nevadas de los Alpes Escandinavos nos acompañaron durante gran parte del camino.

Fue una pena la densa niebla que a veces lo envolvía todo, ya que no pudimos disfrutar totalmente del viaje, pero apuntamos aquella zona en nuestra libreta de sitios a donde volver en el futuro.



Eran las siete en punto de la tarde cuando llegamos al enorme puente que comunica el continente con la isla donde está ubicada Tromsø y tan emocionados íbamos cruzando el mar que no nos dimos cuenta de que justo al salir del puente comenzaba un túnel. De pronto la voz del GPS nos anunció una rotonda y nos miramos extrañados; ¡si estamos en un túnel! Pero el GPS no se equivocaba y una enorme rotonda subterránea apareció en la carretera; tan sorprendidos estábamos que tomamos mal la salida y fuimos a parar a otra rotonda obviamente, también subterránea. Como los navegadores en los túneles no funcionan, nos costó un buen rato salir de aquel laberinto de calles y encontrar el camino hasta el hotel que habíamos reservado.

Más tarde leímos, que en invierno es tal la cantidad de nieve que hay en estas latitudes, que habían ideado este sistema de comunicación subterráneo para poder moverse por la ciudad en coche ya que por las calles convencionales era imposible.

El hotel (Smarthotel Tromsø) tenía mucha mejor pinta en la web que en la realidad: la habitación era minúscula y como los domingos no tenían servicio, nos tocó cambiar las sábanas de los anteriores huéspedes.

TROMSO
En Noruega los domingos son sagrados, apenas trabaja nadie y tiendas y centros comerciales están cerrados; incluso muchos restaurantes que nos encontramos tampoco estaban abiertos, así que optamos por cenar en el Burger King. Dos menús normales y uno infantil, al cambio corona noruega-euro, nos costaron 35 euros; no quisimos pensar cuanto nos costaría cenar en un restaurante tradicional.

Aprovechando que los días en esa época del año son eternos, después de cenar nos fuimos a dar un paseo por el puerto y estuvimos sacando unas fotos mientras Manuel jugaba a espantar gaviotas.

El centro de la ciudad en realidad parecía un pueblecito encantador de casas bajas y aunque estaba un tanto descuidado, nos pareció un lugar muy agradable para estar en verano...

En invierno las condiciones de vida son tan extremas que muchos noruegos rechazan vivir allí, por lo que con un simple paseo notas la especial presencia de inmigrantes en la ciudad.




Una lluvia fina y persistente nos recordó que era hora de buscar refugio así que nos fuimos hacia el hotel con paso ligero.