Nuestro tiempo en Finlandia tocaba a su fin; habían sido unos días maravillosos y aunque Noe era reacia a abandonar su país soñado, era el momento de seguir hacia el norte y conocer otros lugares.
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| CARRETERA DE LAPONIA |
La carretera E8, paralela a la frontera con Suecia, discurría entre un sin fin de lagos e inmensos bosques que albergaban una reserva de renos; pronto encontramos en nuestro camino algunos despistados que paseaban tranquilamente por el asfalto.
Cuando llegamos a la localidad de Hetta, una de las últimas antes de la frontera con Noruega, paramos en un supermercado a reciclar todas las latas que habíamos guardado. En la entrada de muchos supermercados de los países nórdicos, tienen instaladas unas máquinas que te pagan por cada envase (latas o botellas de plástico) que introduces en su interior. Cuando acabas, pulsas un botón y la máquina imprime un ticket con el total del dinero que has ganado: puedes gastarlo en el supermercado o bien pedir en caja que te abonen el efectivo. Todo un invento para promover el reciclaje, bien podrían copiarlo en nuestras latitudes.
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| PLAYA CERCA DE HETTA |
Tras comer algo ligero en un bar cercano y aprovechando el magnífico tiempo que nos volvía a acompañar en Laponia, fuimos hasta un embarcadero en el lago. El lugar no estaba preparado para el baño, pero gracias a las indicaciones de unos lugareños, dimos con una increíble playa escondida tras el bosque. Manuel y yo pasamos un buen rato jugando en el agua y haciendo castillos en la arena, mientras Noe disfrutaba de los últimos rayos de sol de Finlandia.
Se nos pasó el tiempo volando y cuando quisimos recoger ya íbamos, como casi siempre, tarde. Cuando llegamos a la frontera con Noruega, no había más que una pequeña garita y un policía solitario que nos preguntó dónde nos dirigíamos. Apenas escuchó nuestra respuesta y se limitó a indicarnos con el brazo que siguiéramos.
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| PAISAJE NORUEGO |
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| RENOS EN LA CARRETERA |
Pero a falta de personas, había renos por todos lados. Íbamos con los ojos pegados al parabrisas buscando su silueta en la carretera para poder aminorar y esquivarlos. Habíamos leído que muchos turistas habían tenido percances con estos animales y lo cierto es que hay momentos que no sabes por dónde te van a salir.
Estábamos muy cansados de conducir así que buscamos un hotel que estuviese cerca de la ruta y elegimos uno en mitad de la nada, en un lugar llamado Skaidi. El pueblo, si puede llamársele así, estaba compuesto únicamente de dos hoteles y dos gasolineras construidos en un cruce de carreteras. Pero por suerte el hotel estaba genial y ese día era lo único que necesitábamos. Era ya tarde para las costumbres europeas por lo que los huéspedes ya estaban todos en sus habitaciones y pudimos disfrutar de la piscina climatizada entera para nosotros.
Después bajamos a hacer unas fotos desde la terraza del hall y saboreamos unas tartas deliciosas que junto al café y los zumos ofrecían gratuitamente a los clientes. Eso nos sirvió de cena y agotados nos fuimos a dormir: el día siguiente sería el más largo de todo el viaje.
Después bajamos a hacer unas fotos desde la terraza del hall y saboreamos unas tartas deliciosas que junto al café y los zumos ofrecían gratuitamente a los clientes. Eso nos sirvió de cena y agotados nos fuimos a dormir: el día siguiente sería el más largo de todo el viaje.




